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jueves, 18 de diciembre de 2008

SECRETOS DE EDUCACION




El otro día mi hija fue de excursión al parque de las ciencias con el colegio. Cuando fui a recogerla, la monja que había acompañado a las niñas me dijo que había tenido que regañar a mi hija la mayor. Que se había metido el dedo en la nariz y se había comido los mocos.

Al llegar a casa mi marido y yo le regañamos, le dijimos que eso está muy feo, que además puede haber microbios en esos mocos, que por eso los expulsa el cuerpo. Al terminar el sermón a mi pobre hija Leo, mi marido y yo nos fuimos a nuestro dormitorio corriendo. Cerramos la puerta y empezamos a reirnos, abrazarnos y besarnos, como si de una pareja de película norteamericana se tratase.

Y es que, hace muchos años, cuando yo pensaba que mi marido no me veía, mientras veíamos la televisión con la luz apagada, yo me comía los mocos. Un día le pillé a él. Y se lo resalté gritándole y le dije- ¿Pero cómo te puedes comer los mocos?- Y él me respondío - cómo que te crees que no te he visto que tú también te los comes-. Desde entonces apareció una tremenda complicidad entre ambos y cada uno se come los mocos delante del otro de una manera muy natural (como si de rascarse la oreja se tratase).

Ojalá mi hija Leo el día de mañana tenga una relación de pareja tan sincera como la mía con mi marido.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Ella es así

Mi esposa tiene un inconsciente católico. No lo puede evitar. Resutla que me impide beber cervezas a la hora de comer o de cenar -cuando el resto del día está ofreciéndome chocolate-. Es la Ostia. Dice que es por mi bien, como los padres católicos cuando maltratan físicamente a sus hijos. Es una moralina impresa en la relación sobre la que no hay otra cosa de la que hablar..."bebes demasiado"...."toma chocolate". Ninguno de los médicos que visito me ha prohibido todavía el alcohol, ni el chocolate, por cierto. Pero a ella le encanta llevar una doctrina ética. Haciendo diferencias entre el bien y el mal. Yo la invito a ver Futurama para que abra su mente, pero prefiere ver a Afrain en un pograma de mujeres solteronas por las tardes. Ella es así; censuradora, apostólica, romana... pero la quiero.